El curioso caso de la tolerancia al malapportionment en México

por Alberto Mercado González

El economista Douglass North resume las poderosas fuerzas que conspiran para preservar instituciones ineficientes con la noción de path dependence. La tolerancia de 15 por ciento poblacional parece ser un criterio inamovible para la elaboración de distritos electorales por el IFE, el cual parece responder a una inercia reglamentaria.

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En 1996 se emprendió el proceso de redistritación para actualizar y modificar los límites distritales con base en el número poblacional. Habían pasado 26 años de cambios demográficos marcados desde la última redistritación. La urgencia de un nuevo mapa la justificaban casos emblemáticos de disparidad poblacional como la del distrito 2 de Nuevo León, en el que había 49 mil ciudadanos empadronados, y el distrito 40 del Distrito Federal, que poseía más de 600 mil. ¿Qué desventajas tiene un representante federal cuya elección depende de un número 12 veces mayor de electores a diferencia de otro político en otro distrito?

El Instituto Federal Electoral (IFE) instituyó en 1996 el Comité Técnico para el Seguimiento y Evaluación de la Redistritación. Dentro de los acuerdos propuestos por este comité, es de destacar el siguiente:

“El margen de variación de población de cada distrito en relación al cociente de distribución, no podrá exceder, en principio, de ± 15% al interior de cada entidad federativa, tratándose como casos particulares aquellos [que] por razones geográfico-poblacionales excedan el rango de variación señalado.”

Al parecer este principio es bastante laxo y supone una justificación técnica que valide su aprobación. ¿Cómo se obtiene este margen de variación? El procedimiento es relativamente sencillo. Si en un estado tienen 2 millones de habitantes, y ahí corresponden ocho distritos uninominales entonces se espera, en teoría, que cada distrito tenga 250,000 habitantes. Si se toma en cuenta el margen de ±15% de variación con respecto de la media estatal, entonces los distritos que oscilen entre 212,500 y 287,500 cumplirán con este requisito para ese estado en específico. Un distrito en la cota superior tendría 75,000 habitantes más que uno en la inferior, una población 35 por ciento mayor. Parecería difícil justificar un margen de tolerancia de esta magnitud.

Lo sorprendente es que este margen de tolerancia se ha vuelto a usar en los procesos de redistritación de 2004-05 y de 2012-13 sin mayores cuestionamientos. Las evidencias son claras y contundentes para que los partidos políticos apelen o justifiquen este margen de 15%. No obstante, el considerarlo un tema meramente técnico parece ser el obstáculo principal por el que no se ha abierto el debate, “el proceso de redistritación debe [de] guiarse forzosamente por las formas que nos propongan los que saben mucho de esto [técnica].”

Según las discusiones del Consejo General en la reforma de 1996, el margen del 15% se establece para facilitar y agilizar el proceso de la computadora con la que se corría el algoritmo emitido por el Comité Técnico del IFE.  Dicho Comité  era monitoreado por la Comisión Nacional de Vigilancia conformada por los miembros de los distintos partidos políticos. Si la Comisión daba el visto bueno, no había más que apelar en cuestión técnica por parte de los partidos. Hoy en día, la imposibilidad de correr un algoritmo más complejo por cuestiones técnicas no tiene validez, si se considera que el procesador de la computadora que se usó en 2005 era 18 veces más rápido que el usado en 1996, según la Ley de Moore.

El problema se agrava aún más cuando, hoy en día, existen constituciones estatales que establecen el margen del 15% en su redacción, tal como la del Estado de Chihuahua. El margen era una condición primaria para que la computadora hiciera el dibujo automatizado de los 300 distritos. Se fijó en 1996 por cuestiones tecnológicas, la pregunta inmediata es: ¿por qué se ha usado el mismo margen para el resto de los procesos de redistritación? Tal parece que la respuesta responde al path dependence del que habla Douglass North, en el que las reglas se heredan, dejan de cuestionarse y por tanto, resulta muy difícil que sean modificadas.

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4 pensamientos en “El curioso caso de la tolerancia al malapportionment en México

  1. Si propones un aumento al iva en alimentos y medicinas del 16%, casi todo el mundo brinca, grita y patalea. Pero nadie lo hace cuando el IFE tolera variaciones poblacionales de +/-15% en los distritos federales desde 1996. Sorprende de sobremanera la pasividad de los partidos. ¿O alguien acaso se ha quejado?

  2. Pingback: La evolución de la redistritación electoral en México: 1991-2012. | El blog de CiPol

  3. “Path dependence” supone algo de relevo generacional en las instituciones públicas para saber si esa dependencia en el tiempo efectivamente ocurre. Pero en el caso del IFE, se trata de las mismas personas que estuvieron en la primera redistritación para las elecciones de 1997. Por ejemplo, Juan Molinar, quien fuera consejero y el presidente de la comisión encargada del RFE en 1996, es hoy uno de los principales asesores del presidente del PAN. Arturo Sánchez, quien fuera Director Ejecutivo de prerrogativas partidistas en 1996 y luego consejero, es otro asesor de Madero. La misma gente, repito. La regla informal que impera para ellos seguramente es: “If it ain’t broke, don’t fix it.” Sin “path dependency” todavía, y sin quejas partidistas tampoco.

  4. Pingback: El balance poblacional de los distritos en México: Enfoque subnacional. | El blog de CiPol

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